miércoles, 18 de noviembre de 2015

Desde los confines de la Galaxia, en los albores de la Tercera Migración,

os ofrezco la Gran Balada del Thal tal como me ha sido transmitida a través de los relatos que los ree han conseguido hacernos llegar más allá del tiempo y del espacio:
" El Gran Silok es uno de los desiertos que gobiernan las áridas llanuras del planeta Metq, situado en un rincón de la Constelación de la Cuadratura del Infierno. Ni los waasubj ni los intrépidos viajeros de la Errática suelen recalar por allí debido a su falta de interés estratégico y energético. Gracias a ello, la milenaria cultura silokz se ha preservado y, así, los nómadas pueden seguir adentrándose sin peligro en las arenas, encontrando el agua, el fuego, el sustento y las estrellas necesarias para su viaje. El inmenso desierto del Silok mide unos dos mil kilómetros de largo, siendo indefinida e inabastable su anchura. En ambos extremos empiezan las seguras carreteras de adobe que conducen hacia las ciudades, los bosques y los escasos meandros fluviales. En su interior sólo existen dos oasis, guardados infatigablemente por los Portadores. El cuerpo de los Portadores se renueva cada doce años y sus miembros son elegidos de entre los chicos y chicas de las tribus nómadas que ese año han cumplido los diecisiete. Su misión es recorrer el gran desierto para alimentar los innumerables fuegos que trazan el camino para que las caravanas eviten perderse entre las dunas; al mismo tiempo, aprovisionan cada hoguera con decenas de hotsch, alimentos secos y agua, todo ello enterrado en lonas bajo la tórrida superficie. Se denomina hostch a los caloríficos y apestosos haces de thal, muy apreciados a falta de madera y de hidrometano. El thal es un arbusto leñoso que sirve de combustible y que sólo crece en los desiertos; sin él, los nómadas no podrían cruzarlos. El Gran Silok es, pues, una inmensa llanura casi sin vida en la que crece el thal y en la que cada fuego que allí arde no es simplemente, tal como podríamos pensar, un hueco recubierto de piedra de quemar que protege una llama encendida desde el albor de los tiempos. No. Por las noches, la estapa helada se convierte en una tierra trémula llena de lucecitas titilantes, en cosmogónica representación de los lejanos astros del firmamento del que procedían los primeros pobladores. Cuando el sol se va, el desierto representa una danza antigua de estrellas ajenas, esperando el retorno de aquellos que podrían reconocer su trazado desde el espacio. A lomos del baswat, el Portador duerme, come y descansa entre un punto y el siguiente sin importarle nada más que su sagrada misión. El silencio de su hábitat le transforma de tal manera en un ser tan sumido en su interior que, a veces, al soñar, se convierte en el nexo protector de su mundo, en el mediador pacífico y pacificador entre la realidad tangible y la realidad invisible que envuelve a Metq. Estos sueños son tan importantes para la cultura nómada que cualquiera que despierte a un Portador durante ese trance de mediumnidad es inmediatamente desterrado a las ciudades y su nombre borrado del libro de las familias, cuyo registro oral se remonta a la primera generación de recién llegados. Así, cuando un grupo de silokz ve pasar a su lado a un Portador con la cabeza gacha empiezan a persignarse sigilosamente, tendiendo sus brazos primero hacia el cielo, luego hacia el jinete adormecido y luego hacia su propio corazón, para acabar el trazado de ese arco imaginario a sus pies, apuntando hacia el corazón incandescente del planeta. Dicen que, así, le explican a los pequeños y grandes dioses que ellos están unidos con el mundo de arriba y con el mundo de abajo a través del santo Portador dormido; dicen que es un signo de bendición hacia el Portador y hacia ellos mismos, aunque algunos suelen hacerlo sencillamente para asegurarse la protección de la divinidad. De los feroces rituales a los que se someten los Portadores para sostener la visión de lo que es nadie sabe nada. Secreto. Algunas leyendas hablan de nómadas atribulados que, sin saberlo, se ven mezclados en tales rituales y allí mismo son inmolados para que su sangre ignorante riegue poderosamente los arbustos de thal; otras versiones aseguran que esos seres despistados son obligados a ejercer de Portadores, puesto que el azar no existe en el Universo entero, lo que significaría que habiendo acudido voluntariamente a la llamada del thal, nada pueden hacer para rechazar su predestinada misión".
Sagrado es el Thal pero más sagrado todavía es el Fuego que nos calienta todas las noches en la estepa helada. Sagrado también el Aire que lo aviva y que nos muestra la fragilidad del mundo y de nuestra existencia, pues: ¿sabe alguien de dónde viene y a dónde va? Y benditos los Portadores, que alimentan la red de hogueras y mantiene fuertemente entrelazada la trama con la urdimbre en nuestra tierra. ¡Loados sean por siempre!
Balada del Thal. De las tribus nómadas del Gran Silok.

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